jueves, 27 de julio de 2017

Cambiando el rumbo

Ahora que ya sé con claridad que no voy a poder hacer magisterio infantil en la universidad... sólo me quedan dos opciones, la primera, hacer el módulo superior en educación infantil, y la segunda... la segunda opción podría dar un vuelco a toda mi vida.

Con mi nota, no sería descabellado pensar en entrar a trabajo social, un grado universitario con múltiples salidas en diferentes campos laborales, administración pública, servicios sociales, justicia, educación... y donde me gustaría profundizar, en las ONGs.

Siempre pensé que cuidar de los niños era una prioridad internacional, ellos serán los herederos de la Tierra, y, por desgracia, hay millones de niños alrededor del mundo que no tienen el privilegio de la educación, así que...

Primero pensé en un voluntariado a cualquier país del mundo durante los años que establezca la organización con la que colabore, pero luego me di cuenta de que para ir a determinadas regiones, hace falta vacunarse de algunas enfermedades y... en ese proceso intervienen agujas, así que pensé en otra cosa.

Puedo intentar hacer el grado de trabajo social, y si lo consigo acabar, hacer el módulo superior en educación infantil de dos años, si hago eso... creo que me gustaría ir a pueblos o a países con bajos recursos económicos o con un sistema de educación deficiente y trabajar allí con niños, en reformatorios o internados. No sé, quizá todavía exista alguna esperanza.

Por otra parte... mis niños pasan a bachillerato.

Se han hecho muy mayores, todavía me acuerdo de cuando medían sólo dos centímetros más que yo, ay, mis pequeños superdotados...

Chincheta va a hacer el bachillerato de la salud y el tecnológico, ha hecho una combinación algo suicida y se ha decantado por ella.
Mateo, irá a letras, con mi hermano, se creen que, porque no tener matemáticas, va a ser algo fácil... pobrecillos, ya se darán cuenta.
Y Saúl... Saúl creo que va a hacer el de ciencias de la salud, pero no estoy muy segura, siempre comenta que le gustaría ser fisioterapeuta, pero también programador, de todas formas, no tengo ninguna duda de que le irá bien.

Los veo tan pequeños que no me puedo creer que, hace un año, yo estaba en su piel, pensando en qué elegir. Sólo nos separan dos cursos académicos pero... no sé, aunque ahora soy más consciente que nunca... creo que siempre los veré como esos niños de primero de la ESO que iban perdidos de un lado para otro en el recreo, con los que me escondía detrás de la casa blanca cuando no quería ir a clase, aunque ellos me obligaran a ir al final, con los que jugué tantas veces al fútbol y a la consola...

Me da algo de pena dejar todo eso atrás, sólo quedan fotos y vídeos de aquellas experiencias pero... todavía tengo a mucha gente que conocer, quizá encuentre a otro grupo de niños perdidos, o puede que alguien me encuentre a mi y me guíe estos años, no sé qué puede pasar pero... ellos siempre serán mis niños, mis pequeños, a los que tengo que cuidar y proteger, sin cortarles las alas y dejando que vivan libres.

miércoles, 19 de julio de 2017

No me esfuerzo

La profesora de gimansia se jubiló el curso anterior, y, para este año, vino un profesor nuevo. Sabía que todo iba a cambiar un poco, pero... no me esperaba para nada el resultado.

Resulta que este curso no iba a tener educación física, sino una nueva asignatura de una hora semanal llamada "Mantenimiento físico" que, según nos había explicado la antigua profesora, consistía en que el alumno tuviera una hora semanal para aprender a mantener una forma física y poder prestar un rendimiento aceptable.

Siempre me han encantado los deportes, todos ellos, pero se me dan mal la mayoría por un serio problema de coordinación, y, por ello, desde muy pequeña me han metido en deportes que requerían únicamente coordinación simple, como fue el kárate y el judo, mejoré bastante y llegué a pensar que ya lo había solucionado por completo, pero... en cuanto lo dejé, los problemas empezaron a reaparecer.

Sin pensarlo mucho, elegí mantenimiento físico como materia, al igual que muchos otros alumnos, y la sorpresa fue notable al comprobar que, la gran mayoría, no acudían a esa clase, pese a haberla escogido, y es que, claro, era justo después del recreo, piraban recreo, salían del instituto y no volvían hasta quinta hora.

Al principio, me dan igual, menos gente con la que compartir clase. No me gustaba como el profesor daba la clase, se tiraba media hora hablando y luego, vente minutos repitiendo el discurso, las clases eran aburridas y lentas, y, encima, nos pedía que hiciéramos actividades grupales, y fue entonces cuando comenzó todo el lío.

En esa clase sólo había pijas y gilipollas, quitando a seis o siete personas, los demás, todo basura. Se metían con los demás por el físico, eran los primeros en reírse ante una agresión, solían hacer comentarios machistas y, la atención de las chicas giraba entorno a los chicos, y la atención de los chicos giraba entorno al cabecilla de grupo, que tampoco tenía muchas luces. Y... obviamente, una cría enana, gorda, fea y callada, era el blanco perfecto para todas las burlas, ya lo había sido durante dos años por los pasillos del instituto, nunca a la cara, pero dolía igual.

El caso es que, en la segunda clase, el paisano nos mandó hacer un puente con picas apoyadas en nuestros hombros, de manera que creamos un pasillo de finos palos de madera a medio metro del suelo, y pretendía que todos fuéramos pasando por el, relevándonos los unos a los otros. Dio la casualidad de que esa semana estaba costipadísima, y, encima, aquella clase fue al aire libre, lo que hizo que los ojos se me iritasen todavía más, y, si ya de normal veo mal, aquello iba a ser imposible. Aguanté mi puesto y ayudé a los que iban pasando, pero entonces, me quedé la última y el paisano me increpó y me acorraló para que le dijera por qué no quería hacerlo, anunciando, alto y claro, que el ejercicio no estaba superado porque yo no quería hacerlo. A pesar de los problemas físicos, no tenía miedo a caer, si caía, me levantaba y ya, el problema eran las burlas, los susurros a las espaldas, que, al llegar al vestuario, se hicieron más que claros. Las niñas decían que era tonta, que nunca quería hacer nada, que en inglés tampoco hacía nada (Tengo tres títulos oficiales de inglés, el nivel del instituto se me quedaba muy abajo) y un sin fin de reproches y críticas sin fundamento.

La verdad es que tengo un carácter muy fuerte, y cuando me insultan o me hacen de menos de manera tan despectiva, la adrenalina inunda mi torrente sanguíneo en cuestión de segundos, y me sería relativamente fácil agarrales por las cuencas oculares y estamparles el cráneo contra una pared, pero, he aprendido a controlarme, y es horrible, porque estoy como una hora con sudores fríos y temblando, aunque, si dejo rienda suelta a mis impulsos, esa fase de temblores también se produce, no con la misma intensidad pero no es mucho mejor, y, por ello, decidí guardar en mi memoria aquel suceso, esperando que no se volviera a repetir.

Y tenía razón, no se volvió a repetir hasta el último trimestre.

La asignatura había sido una completa decepción, bueno, más bien, la decepción fue el profesor, que, ni corto ni perezoso, subió la nota a aquellas personas que ni se molestaban en ir a clase, sólo iban el día del examen y hacían cuatro cosas, llegando al punto de dejarme en un examen a mi con un 6, la nota más baja de toda la clase, y, a otra niña que no había venido ni un sólo día, un 9, pero es que la cosa no acaba ahí, porque resulta que, casi todas las compañeras que estaban a mi alrededor, copiaron exactamente lo que yo estaba haciendo, y él les puso notas bastante más altas, cuando, repito, habíamos hecho exactamente los mismos movimientos.

En el último trimestre, teníamos que hacer todo en equipos de tres personas, yo me junté con una loca del piragüismo y una loca de las artes marciales y futura escritora de éxito. Ambas trabajan muy bien y son muy cuidadosas con los detalles, a veces, demasiado.

Lo que teníamos que hacer durante el trimestre era dar nosotros una clase, y, la primera, fue la de una niña que a penas aparecía por clase pero que sacaba notas bastante altas en esa materia. Nos dio una clase de sevillana y, llegó un momento en que tuvimos que ponernos en parejas y él vino directo a mi grupo y me separó de ellas, me quedé totalmente sola, nadie quería bailar conmigo, y, como era de esperar, me cerré en banda a seguir bailando. Como ya he explicado, me cuesta muchísimo coordinar y me llevo mal con prácticamente todos los de aquella clase, pero el paisano empezó a echarme la bronca, que si era una maleducada, que si no participaba y, queriendo recurrir al tópico de la mujer marimacho que odia todo lo relacionado con los roles femeninos clásicos, me acusó de tener prejuicios, no sólo contra el baile, sino también contra la alumna que estaba impartiendo la clase, y, como no, ahí metió la pata de una manera descomunal, pues a mi el baile me encanta y las sevillanas, más, y, encima, el año pasado había ido a unas clases un poco de broma con aquella misma chica ya que la academia de baile nos dejaba hacerlo. Además de eso, interrumpió la clase en numerosas ocasiones para resaltar a los demás compañeros que yo me había negado a participar, sin embargo, en el otro extremo de la clase, sentado en un banco, con la gorra y vaqueros, había un chico con el móvil que tampoco quería participar, pero claro, a él no le dijo nada...

El resultado final fue que tuve que hablar con la tutora y fuimos ambas a presentarle un informe donde se plasmaban de manera oficial mis problemas de coordinación, además de otros relacionados con la interacción con otras personas, donde, además, venían anexos unas pautas de interacción para el profesorado, las cuales, él había incumplido casi en su totalidad.

Él empezó a quitarle importancia, y volvió a sacar el tema de los prejuicios, y fue entonces cuando le dije lo de las clases de baile precisamente con aquella chica y entonces se empezó a poner nervioso, y dijo que tenía cosas que hacer y pospuso la conversación para otra ocasión, dejándome llorando delante de un montón de gente que contemplaban la escena.

Por último, tuve que hacer un vídeo con mis compañeras haciendo una actividad física y decidimos enseñar unas llaves simples para defenderse de robos en la calle. Costó mucho trabajo pero lo entregamos a tiempo.

Mis compañeras, haciendo lo mismo que yo, tuvieron ambas un 10, mi nota fue un 6.

El problema más grande es que de media de bachillerato tengo un 6, y, al hacer la media con la selectividad me queda otro 6, que no es mala nota, salvo porque me piden un 6,071 para entrar en el grado de magisterio infantil.

Pero supongo que me lo merezco, ¿No? No me esforcé todo lo que debía, ¿No? No podría ser que puso notas muy injustas, ¿No? Es un profesor, calificó a todo el mundo basándose en unos estándares, ¿No?

De todas formas ¿Qué iba a hacer yo de profesora? Era mi sueño, poder ayudar a niños como yo a integrarse, a tener una infancia normal, tanto en clase como en casa, o, simplemente, a hacerles sentir que no son raros, que no son balas perdidas, que no están solos, sólo quería que ningún niño sufriera por ser como es, y, precisamente por eso, me han arrebatado mi futuro, mi vida.

Quizá la sociedad no esté hecha para gente como yo, quizá todo el mundo tiene razón y no debería seguir, porque sólo existe un perfil válido, y es obvio que no cumplo con los requisitos pero... he llegado tan lejos... he conseguido llegar a la ESO, no he repetido ningún curso, no he tenido que pasar por diversificación, he pasado bachillerato... con todas las críticas y el acoso que he recibido durante años, con las peleas en casa, con mi propia voz interior gritando a todas horas, chillando desesperada, herida de muerte.

Pero, dejémonos de tonterías. El profesor fue justo, la asignatura fue completa, los compañeros amables y entregados, fui yo la que no me esforcé, la nota es justa.

Nunca hay que olvidar que este sistema no quiere a gente que luche contra él, sólo quiere que sus súbditos agachen la cabeza, no me he esforzado por ser normal, y eso lo reconozco, pero si no puedo cambiar el sistema desde dentro, habrá que derribarlo desde fuera. Ahora que he perdido a mi bebé de forma natural, no me queda nadie por quién luchar, pero tampoco nadie por quién vivir.

sábado, 17 de junio de 2017

Hasta aquí

Después de ocho meses... esto ha acabado.

Tras discutir con Julián sobre el posible futuro bebé, hemos decidido dejarlo.

No sé del todo cómo me siento, porque... por una parte me siento mal y por otra, bien, ya que ahora sé que él puede estar con alguien mucho mejor, que le pueda dedicar tiempo y le haga más feliz.

Pero... sé que no encontraré a alguien como él, alguien con quien tener tanta confianza y... puede que acabe muriendo sola, pero creo que es lo que me merezco, y... aunque todavía no sé cómo va a evolucionar el supuesto bicho... creo que ya tengo claro qué hacer con él, a ver si puedo hacer algo bueno, por una vez en mi vida.

Han sido ocho meses de besos fugaces en el pasillo, de posar mi cabeza en su pecho y cerrar los ojos, de besar sus heridas cuando fue necesario y de dejarme guiar entre los árboles del parque... nunca podré olvidar su olor ni su tacto, y este error me perseguirá toda la vida, pero tampoco me arrepiento, se merece a alguien mucho mejor, pero, aún así, me duele.

Julián, si algún día llegas a leer esto... yo he malgastado mi tiempo con un montón de gilipollas, no hagas tú lo mismo.

Por ser rata

La semana pasada me dieron las notas de las recuperaciones, todo aprobado, así que... muy bien, estoy muy contenta, y daría saltos de alegría si no fuera porque...

Mis padres has cogido vacaciones en el trabajo para dos semanas completas, lo que significa que tengo que ir al instituto en bus, y como soy muy rata, vuelvo andando para ahorrarme algunos céntimos, pero resulta que... como he tenido que caminar tanto, de un lado para otro, he sufrido una inflamación en la planta del pie, en la zona superior del hemisferio izquierdo, conocida popularmente como metatarsalgia, entre los metatarsianos primarios y secundarios, pero es que ahí no se queda la cosa, porque resulta que la inflamación es tan grande que ha comprimido los músculos y los nervios adyacentes, y me está provocando un dolor insoportable, de hecho, llevo tres noches sin poder dormir por los dolores intensos, y hoy, he decidido acercarme al centro de salud del pueblo, ya que estoy en León porque mis padres me obligan, y después de un intercambio animado de opiniones con la médica, muy maja, por cierto, hemos llegado a la conclusión de la metatarsalgia, me ha recetado un antiinflamatorio y... Estoy en silla de ruedas para no forzar los músculos ni los tendones.

Yo quería una azul muy mona... Pero me ha dado una gris sosa que tengo que mover yo, y tengo los brazos destrozados... Pero el antiinflamatorio me ha hecho efecto así que... me doy por satisfecha, y me quitarán la silla cuando nos vayamos, tendré que aprovechar para descansar, reposar, y hacer un poco el tonto con ella.

Ahora, sólo me queda preocuparme por una cosa: No me baja la regla. El martes, si estoy bien, iré a la farmacia a por un test de embarazo.

lunes, 5 de junio de 2017

Miedo al embarazo no deseado

Desde que soy muy pequeña, mis padres me han metido en la cabeza que el sexo es algo malo, demoníaco, algo sólo para mayores con una pareja estable, y empiezo a pensar que pueden tener razón.

Siempre he tenido un pánico terrible a quedarme embarazada, y no es una preocupación ligera, no, llega al punto de ser algo totalmente obsesivo, de revisar concienzudamente los preservativos, no quitarme la ropa para evitar roces desafortunados, evitar la penetración todo lo que pueda... Y un sin fin de medidas que parece que sólo yo utilizo.

Me sorprende mucho no encontrar en Internet experiencias similares de chicas o de chicos que temen tener relaciones sexuales completas para evitar un posible embarazo no deseado, ya que creo que es lo peor que le puede pasar a una pareja joven, que todavía no ha acabado los estudios y no es económicamente independiente.

Mi miedo llega a tales extremos que, hace unos meses, la regla me llegó quince días después de lo que había previsto, creo que fue por estrés en el instituto, y menos mal que no había hecho absolutamente nada esos meses, porque sino, a saber la que hubiera podido liar, pero, aún así, me llegué a plantear un embarazo, algo totalmente ilógico, ¿Quién me iba a preñar? ¿El espíritu Santo? Pero aún así... lo pensé.

La verdad es que no tengo miedo a el embarazo en sí, cuando tenga una independencia económica, un trabajo estable y una familia fuerte, igual me lo podría plantear, y no creo que sufriera estrés por ello, ya que sería algo planificado, pero ahora... prefiero repetir mil veces curso.

El caso es que... igual es cierto que el sexo es sólo para adultos responsables y por eso tengo ese miedo tan atroz, quizá no esté preparada para hacer frente a lo que el sexo conlleva, pero... No sé, me encantaría encontrar por ahí historias de personas que sufran de lo mismo, y que cuenten cómo lo superaron, si es que lo hicieron, pero no encuentro nada, y los consejos que se encuentran son los de siempre: "Si se usan métodos anticonceptivos de forma adecuada, no habrá problemas" ya, claro, pero puede haber un condón defectuoso, o que, en cualquier momento te rozaste, o que el condón se quedara dentro sin querer o... miles de cosas, ya sé que es buscarle las cinco patas al gato, pero es que no tengo explicación para esto, sé que es absurdo, pero es algo que me mata y no sé si será cosa de madurez, pero me está jodiendo la vida.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Mi graduación

El pasado viernes celebramos la graduación de segundo de bachillerato, que para mi, era sólo un paripé, pues no he aprobado, y todavía podría repetir.

La verdad es que... No sé, fue todo bastante mal.

Desde que empezamos el curso, mi madre me ha buscado vestidos para llevarlos ese día, hasta que elegimos uno viejo de mi prima, al que le tuvimos que poner una chaqueta negra para taparme los brazos.

Al principio, estaba muy contenta, mi madre estaba respetando mis decisiones, no quería maquillarme, ni arreglarme el pelo de manera especial, tampoco quería prescindir de la chaqueta y no quería que hicieran fotos. Pues bueno... todas las concesiones que, en su día, mi madre me prometió, aquel día y la noche anterior, desaparecieron por completo, convirtiéndose en imposiciones y con las amenazas correspondientes en caso de rebeldía.

Al parecer, como tengo unos brazos demasiado gordos, que es verdad, al poner una chaqueta negra me ensanchaba toda la figura al ponerme de perfil, y estuve luchando, rogando, más bien, para que no me obligara a ir sin la chaqueta, cosa que conseguí, y pensé que ahí se había acabado todo, pero que va...

La noche anterior, mi madre sacó un estuche de maquillaje enorme y se puso a pintarme la cara como si nada. Lo peor, fue la raya del ojos, porque mi madre ve muy mal y el pulso lo tiene fatal, creí que no lo había pasado tan mal en mi vida, hasta que, llegó la hora de desmaquillarme, donde me echó hasta acetona para quitarme el rimel y todos esos potingues que me había puesto, y, cómo no, me irritó muchísimo los ojos.

Al día siguiente, en clase, me llegó un mensaje de mi padre, diciendo que mi madre me había pedido hora en una peluquería cercana a casa, y les había dejado instrucciones. Salí del instituto después del recreo y fui para la peluquería, donde me encontré con Nosti y la lame culos de su "amiga" con su madre, la señora más desagradable y repipi del mundo.

Cuando me cogieron, la peluquera me comentó que iban a llevarse mucho las ondas, pues era lo que les iba a poner a ellas, y entonces se me iluminó la bombilla, y pensé que, ya que todas iban a ir iguales, ¿Por qué no destacar? Y le dije que me pusiera, con la raya de lado, tres trenzas de raiz en la parte derecha, mientras que la melena quedaba suelta y rizada.

Obviamente, a mi madre esto no le hizo gracia, y a mi padre tampoco, pero como estaban ambos muy concentrados en arreglarse, no me gritaron mucho, y, por suerte, tampoco les dio tiempo a maquillarme, sólo a ponerme antiojeras, ya que los últimos cuatro días no había dormido nada, despertando cada dos horas, y tenía unas ojeras muy profundas.

Esperamos a mi tía, mi ejemplo a seguir, y fuimos en coche hasta allí, con mi madre diciendo todo lo que me iba a salir mal y que no me merecía estar allí porque no había aprobado a la primera, como siempre, bajo la compasiva mirada de mi tía, que no podía hacer otra cosa que apoyarme en silencio.

Cuando llegamos, pensé que sólo tenía que ir con mis amigos, que ya había pasado todo, pero no, mi padre sacó la cámara y me obligó a estar parada, al lado de ellos para hacerme fotos. Vamos a ver... yo, con ellos, en mi vida cotidiana, no tengo casi relación, por no decir que nunca me han ayudado a afrontar mis retos académicos, ¿A caso creen que por hacernos fotos juntos ya somos una familia normal y feliz? Porque esa es otra, durante el tiempo que estuvimos fuera del salón de actos, ellos no se separaban de mi, mostrando, sonrientes, una falsa realidad y haciéndome partícipe obligada de la misma.

Cuando por fin pude sentarme en mi sitio, en orden de lista, me di cuenta que ninguno de mis amigos de superdotados había venido, sólo Saúl, y porque también era la graduación de su hermana, además, el chico que se sentaba a mi lado, cambió su sitio con alguien que no había venido y me quedé totalmente sola hasta que apareció la otra chica que se tenía que sentar a mi lado, pero eso no me hacía estar menos sola.

Además, llevo como dos o tres semanas sin poder ver a mi novio, Julián, porque los horarios no nos coinciden, y por el móvil no hablamos nunca porque él pasa bastante de mi por ahí, me deja en leído cualquier cosa y... a penas establecemos una conversación de tres intervenciones cada uno.

Lo único que me alegró un poco fue ver a Saúl, que vino en muletas por un accidente que tuvo en la final de rugby. Me saludó con discreción y se fue con los demás familiares.

La verdad es que tenemos una relación atípica, pero yo le quiero, y él a mi, me está ayudando mucho a levantar la autoestima y a mostrar más carácter con la gente que me trata mal, yo misma estoy notando la mejora, pero no sé, por el móvil nos pasamos horas hablando y en persona me corto mucho, pero, por suerte, él tira de mi, me hace hablar, y, poco a poco, estamos consiguiendo mucho.

El caso es que la ceremonia empezó, y unos alumnos y unas profesoras soltaron unos discursos, de los cuales, no se entendía nada para la mala audición del lugar, sólo se entendían palabras sueltas, así que, tras una gran impotencia, desconecté del acto y me puse a divagar en recuerdos. Me di cuenta de que todos los demás estaban como yo, no entendían nada, pero se limitaban a sonreir y aplaudir, como si nada. Un evento plastificado, donde nadie es consciente de lo que pasa, mera fachada.

Después, pusieron un video con fotos viejas, donde, curiosamente, sólo aparecía el grupo del chico que había hecho el montaje.

Finalmente, nos levantamos de uno en uno y fuimos a recoger la banda y la orla, y, en mi caso, por un error de la administración, no me dieron ni mis fotos individuales ni la orla, y ni os imagináis la bronca que mis padres me echaron después, que si lo había hecho a posta, que les había puesto en evidencia, que era una sinvergüenza y una maleducada... en fin, lo de siempre.

Cuando por fin se acabó, salí, entre empujones de la gente, del salón. Al estar en la primera fila, la pantalla donde se había reproducido el video quedaba demasiado cerca de mi, y me había dado un terrible dolor de cabeza, a eso, había que sumarle la irritación en los ojos, que no se me había pasado y todo el cansancio acumulado durante los días anteriores.

Mi madre me agarró del brazo y me obligó a bajar con mi padre y mi tía, para luego obligarme a subir a la escalera, otra vez, y hacerme una foto con todos, que, al final, no hice porque me volvieron a decir que bajara otra vez para irnos a casa, pues estaban cansados de hacer el ridículo delante de todo el mundo.

En el viaje de vuelta, me estuvieron echando una bronca tremenda, que no sonreía, que daba pena, que iba cabizbaja, más el problema de la orla. Hice oídos sordos a todas las tonterías que decían, me dolía muchísimo la cabeza, y subí a casa a cambiarme rápido de ropa para poder ir a casa de mi hermano, con Adrián y Saúl que iban a estar allí también.

Mis padres me llevaron en coche, pues les quedaba de camino hacia el concierto de Rafael, y yo me deleité aquella tarde con las caricias de Saúl y sus suaves besos, atenuados por las atentas miradas y las bromas de Adrián y Alex, que procuraban dejarnos tiempo a solas mientras preparaban la cena.

El lunes, algunas profesoras me pararon para preguntarme qué me había pasado, y, la verdad, es que no me pasaba nada, salvo el dolor de cabeza que se me pasó enseguida, tras echar una cabezadita en el coche para ir a León. En casa, es como estoy siempre, es raro que sonría o que hable, era un día como otro cualquiera, salvo por el vestido y por la gente. Se ve que a mis padres sólo les importa la imagen que demos como unidad familiar a los extraños, sólo les interesa mostrar un escaparate donde todo está bien, como aquella graduación, en la que nadie entendía nada pero aplaudían, donde había gente suspensa pero se sentían aprobados. No es que me pasara algo, es que me pasaba todo, pero como cualquier día.

miércoles, 10 de mayo de 2017

¿Mundos paralelos y fantasmas?

Como ya expliqué en otra entrada, soy muy fan de la teoría de cuerdas, la superposición cuántica y demás teorías metafísicas que determinan que la realidad sensitiva, puede ser falsa.

Pues bien, hoy, a las puñeteras 3:44 de la madrugada, mi cerebro no tiene otra cosa que hacer que pararse a determinar la conexión entre los fantasmas y las dimensiones paralelas.

Y esto parte de la idea del gato de Schrödinger, donde se nos plantea el experimento imaginario en el cual, un gato muere y, al mismo tiempo vive.

Imaginemos qué pasaría con una persona. Hay un accidente de tráfico, y se queda un cuerpo encerrado en un coche. Hasta que alguien no logra sacarlo, no se determina ninguna opción, por lo que está vivo y muerto a la vez.

Vale, hasta aquí bien. Entonces... ¿Los fantasmas podrían ser el resultado de la proximidad entre universos paralelos? Es decir... la vida y la muerte son dos fenómenos totalmente opuestos que no podrían superponerse en una misma realidad, por lo que ocurren en dos mundos paralelos que surgen de una bifurcación en el espacio-tiempo, esto me lleva a pensar que, aunque el espacio es infinito, los mundos paralelos podrían ocupar un espacio y un tiempo determinados, como decía Kant.

De esta forma, ¿No podría ser que los fantasmas sean el producto de un choque por proximidad entre dos mundos paralelos? Más que nada porque un fenómeno paranormal es algo no se tiene por qué repetir aunque las condiciones sean las mismas, se produce por algo que no tiene que ver con los factores ambientales.

Por tanto... esto podría apoyar mi propia teoría de lo que he bautizado como "Anclas hiperdimensionales" que serían los choques entre mundos paralelos si de verdad ocuparan un espacio físico, y, para ello, me apoyo en la supersimetría, que utiliza átomos físicos para crear el opuesto a un cuerpo, teoría que podría estar interrelacionada con las anclas hiperdimensionales, pues ambas crean lo que podríamos llamar puentes o conexiones entre dimensiones.

En fin, la gente normal cuenta ovejas para conciliar el sueño. Se ve que mi cerebro no es capaz de imaginar tantas ovejas y no le gusta contar hasta el infinito, pero los temas metafísicos le apasionan... mañana me dan las notas finales y... puede que, de la hostia que me de mi madre, surja una nueva galaxia, el Big Bang se repetirá.